
gicajordi2
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may. 01, 2025
Ambientada en una fraternidad caricaturesca en una institución universitaria imaginaria, "The Line" de Ethan Berger predice su desenlace desde el principio, cuando el administrador de la universidad advierte sobre las consecuencias de una novatada. Desde ese instante, se puede considerar el arma de Chéjov preparada para ser disparada: la audiencia puede anticipar lo que les espera, aunque la introducción a lo inevitable es vibrante y cautivadora, al mismo tiempo que ofrece a numerosos actores emergentes la oportunidad de exhibir sus habilidades.
Colaborando con el editor Ted Feldman, Berger logra establecer un ritmo efectivo. En lugar de intentar abordar demasiados temas, como a menudo hacen algunos cineastas primerizos, el director narra una historia concreta con una comprensión genuina del contexto en el que se ambienta, aunque sus intenciones permanezcan evidentes y sencillas: los adinerados y poderosos están por encima de la ley, los jóvenes están atrapados en tradiciones machistas que nunca se cuestionan, y el ciclo perpetuará su existencia. Aunque "The Line" no ofrece una visión particularmente novedosa de este entorno, funciona de manera eficaz y actúa como un sólido escaparate para su elenco juvenil.
Wolff, quien ha desempeñado roles secundarios destacados en "Hereditary" y "Pig", asume esta vez el protagonismo. El actor proporciona una actuación centrada y cautivadora, trabajando desde el exterior hacia el interior, con una voz afectada por vocales prolongadas —denominada "Forrest Gump" por su madre, interpretada por Cheri Oteri—, y una postura y un andar cuidadosamente medidos. A medida que el mundo de Tom comienza a desmoronarse, Wolff ajusta su interpretación, tornándose más visceral, adicionando matices de sensibilidad y desilusión. Pullman también presenta esa forma de voz, y cuando interactúan, se hace evidente la admiración e inspiración de Tom. Asimismo, se manifiesta la total inexperiencia e incomprensión del universo de estos dos individuos. Solo están adoptando una fachada, ya que los actores logran comunicar el profundo temor que sienten bajo esa apariencia de autoridad falsa.
Cuando las fraternidades se congregan, se intercambian continuamente insultos, con una misoginia y homofobia despreocupadas que atraviesan prácticamente cada ataque verbal. Estas escenas no resultan precisamente placenteras de observar, pero son adecuadamente incisivas, dado que los jóvenes actúan para los demás: encarnan la masculinidad, la indiferencia y el desprecio hacia cualquier individuo que no forme parte de su grupo. La música alta siempre resuena de fondo, complicando la interpretación de lo que dicen, aunque no es crucial, ya que el contexto es evidente. Sus amenazas poseen un matiz de humor, aunque toda esta energía contenida sugiere una inquietante capacidad para la violencia.