
Nochvemo
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ene. 12, 2025
**Laura me aburre**
Me reconozco un gran fan de la vertiente más adulta y explícita de la carrera cinematográfica de Joseph W. Sarno (_Butterfly, Kärleksön, Fäbodjäntan_…). Por lo tanto, he aquí mi gran decepción con la película que nos ocupa hoy. Un argumento estúpido (¿En serio que un papel de arqueólogo era la mejor opción para condimentar la historia?) y un ritmo narrativo tedioso. Se pasan toda la película contándose anécdotas sexuales como si estuviéramos en un confesionario, en vez de usar el concepto cinematográfico para mostrar esas historias en imágenes.
Demasiada palabrería, mucho texto y poco sexo. Y cuando se deciden a enseñar algo de piel, resulta que solo lo hacen de cintura para arriba, sin mostrar, al menos, algo del sexo explícito del que tanto se habla (y con el que hubiéramos disfrutado todos los espectadores “Sarnistas”). Algunos pechos, muchas muecas de placer y brazos moviéndose fuera de plano, es lo único sexual que conseguirás aquí. Y nada más, porque la historia está muy mal escrita y es muy aburrida.
Esto debería ser cine para adultos, y no un pseudo drama de amoríos triangulares con sexo simulado (o fuera de encuadre). Y es una pena porque, aunque los intérpretes están a la altura de lo que se espera de un buen proyecto erótico/pornográfico, resulta que nadie acaba de mostrar sus respectivos talentos en ese ámbito (¿Por qué escoger a Eric Edwards o a Anita Ericsson para interpretar papeles erótico-dramáticos, sin gracia alguna?). Y eso es culpa de Sarno. De su desidia en el proyecto, y de su obnubilada interpretación del morbo. Lo siento, pero en ese sentido, Sarno jamás estuvo a la altura de Radley Metzger (o Henry Paris, como quieras).
La preciosa y sexi Mary Mendum se pasa el metraje con semblante circunspecto, como si no acabara de entender muy bien cómo dar vida y colorido a su personaje. Y el debut de la guapa Cathja Graff podría haber sido un descubrimiento sensacional en el cine de contacto, pero pasa tan desapercibida que jamás la volveríamos a ver en ningún otro trabajo (por decisión propia o ajena, da igual).
Me he aburrido mucho subtitulándola en mi idioma para la versión comercial, y eso no suele ocurrirme muy a menudo. Y lo siento mucho porque, aunque Sarno es un referente en el mundo cinematográfico alternativo del adulto, tiene algunas obras que cansan bastante debido, en parte, a esa necesidad comercial que exige la etiqueta “para (casi) todos los públicos”.