
Nochvemo
8
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feb. 12, 2024
**Con mayúsculas**
Notable ejercicio cinematográfico del maestro Scott. La mejor película, sin duda, del 2023. Quizás sea un trabajo demasiado duro e intelectual para un hombre de su avanzada edad, y es posible que haya recibido asistencia técnica y artística. Todo eso es muy posible, sí. Pero, por fin, la marca Scott Free encadena dos historias épicas a la altura de este renombrado director (si consideramos, claro, que El Último Duelo es una gran cinta, como es mi caso), después de una ristra de chapuzas (me refiero, en efecto, a Covenant, Exodus, Consejero, Robin Hood…) que casi me hizo perder la fe en este mentor.
Más de dos horas y media que no se me han hecho largas en absoluto. ¿Y alguien sabe por qué? Pues bien, se llama “Ritmo Narrativo”. Exacto. Algo que Scorsese y Nolan (por poner dos ejemplos recientes y muy sobrevalorados) han perdido de vista, mal que me pese.
Las actuaciones son sensacionales, pero bueno, no voy a descubrir ahora a Joaquin Phoenix. Y algunos dirán, incluso escribirán, que la película decae por muchos flancos, entre otros porque el prota “no se parece nada” al Napoleón real… Y no salgo de mi asombro por tales afirmaciones. Es como aquellos que ven una película y salen diciendo “qué poco rigor histórico…” ¿En serio?
De verdad, el que quiera conocer verdades acerca del General Napoleón, que lea libros o que se apunte a los documentales de Netflix, porque esto es una obra personal, señores. Una versión novelada de un personaje que existió. No es relevante si un César bajó de verdad a la arena a combatir mano a mano con un gladiador, o si Hitler fue acribillado en un cine de barrio por la Resistencia francesa. Esto es cine, una Expresión Artística, con mayúsculas, sí. Y en las Expresiones Artísticas con mayúsculas las verdades son solo una versión de la misma historia. Y eso es lo que no entiende una gran parte de los críticos de cine, ya sean amateurs o profesionales.
Napoleón es majestuosa, es romántica, es estética y, finalmente, una versión más del infame emperador de los franceses. Es una narración, un cuento, una fábula, no un estudio histórico, que te quede bien claro. Y lo cojonudo es que tiene peor puntuación que la cursilada artísticamente intrascendente de Barbie. Eso sí que debería importunarte.